jueves, 8 de junio de 2023

  

PROFESOR DE PLANTA

 

Con una lágrima en el ojo izquierdo,

Le digo: me mató la pasión.

 

Una ilusión pasada por entrevistas y méritos

Se convirtió en un karma de tiempo completo.

 

Soy profesor o qué soy.

Tal vez el desprecio de esta ultimada Educación,

Quizá el duelo de la presencia sin corazón.

 

O, por fin, un grito del que le cuesta educarse,

Pregonar y descuidarse

Ante una sociedad sin convicción.

 

No me convenza de mi error,

Piense en lo que Usted aportó

Para que esta escuela fuera un horror.

II

¿Un profesor de planta?

Cuando nació, cómo germinó

Cuando estudió, qué terminó.

Una planta con su savia bruta

Colma de líquido sabio

Un árbol genealógico.


Una planta verde, se extiende

En ramas de donde brotan frutos,

nunca iguales.

Un profesor de planta,

Se siembra en su escritorio,

Disemina su savia por el aire quieto

Derriba los frutos sobre sus alumnos

Y tilda con ellos sus próximos recuerdos.


Un profesor de planta

Se mueve sólo con el viento,

Pero no se desplaza porque por dentro

Está seco, lleno de hormigas que no puede sacudir,

Lo muerden paulatinamente y devoran sus bellos sueños.


Un profesor de planta

Siempre mira la luz y por ahí se va,

La luz de todos y no la de su propia verdad.

zagla (escrito durante muchos años, observando profesores tristes)

Chamizo y simple rosa

jueves, 1 de junio de 2023

 



ABRIR LAS ALAS (zagla, 01-06-2023/12:44 a.m.)

 Humano de hoy,

Alas cubiertas de la fría espera.

Aterido bajo un espejo solitario,

Donde se cruzan el recuerdo y el silencio.

Secas las plumas, las acomodas una a una,

En el ruidoso orden de las tumbas sepulcrales.

Atraganta este sapiens

Sus tersas nubes llenas de espantos,

Que miserables se ponen al sol, cada día,

Como sempiternos gallinazos

Erguidos en cualquier árbol.


martes, 30 de mayo de 2023

Ángel de fuego en pleno vuelo

 


 

ÁNGEL DE FUEGO (zagla, 30/05/2023-6:43 p.m.)

Como un ángel raudo que rompe el silencio del cielo,

Emanó el fuego de mis entrañas y me incineré

Bajo el desprecio de la pulcra imprudencia.

Restallaron las miradas rotas por el suelo

Y la ciencia me supo a lo que saben

Los torpes escultores de la arrogancia.

La ruptura de los lazos selló los gratos recuerdos

Y comenzó a tejer los nuevos miedos.

La quietud es uno de ellos, dejar de agitar las manos

Y tener la mente en calma,

Sin desgastarse en cuadros y formatos, es otra.

¿Qué labré mientras cumplía con las tareas de los demás?

¿Cuándo rasgué mi propia piel para exponer las vísceras sin pudor?

Como parafina me derrito sin arrastrar la lluvia ni el vacío.

lunes, 26 de marzo de 2018

Rosa, un dulce recuerdo


Rosa, un dulce recuerdo
(Dedicado a la hermosa abuela de mis hijos,
Rosa Isabel Scarpetta Peña)

Rosa, el símbolo del amor que orienta; el ojo visor que ayuda sin pasión ni recuerdo.
Mujer, madre, abuela de mis hijos, vivo agradecida de tu ejemplo humano, de tu historia ¡sin más!
Vienen a mi mente las madrugadas a leer mientras -como en una fábrica- tú, en la ramada, con tu hijo y tus dos hijas, eran un engranaje de maíz, agilidad en las manos, carbón encendido, arepas armadas y asadas, listas para la próxima entrega.
Rosa, silencio, observación, cuidado de los más pequeños y de sus parientes. La lucha te alcanzó y le diste qué hacer.
Aunque tus dolores en las piernas a veces te querían doblegar, tú no los contemplaste y no les diste mayor importancia. He tenido la imagen de la fortaleza en una mujer delgada, de hablar pausado y liviano, pero de decisión rápida y audaz.

Rosa, eres maestra, educación, aprendizaje. Tú me enseñaste cómo se ama a los hijos. Me dijiste que les diera amor a los míos y no te sorprendiste cuando te dije “y… ¿qué es eso? ¿De dónde lo saco? ¿Cómo lo hago?” En medio de una sonrisa, que revela inteligencia y comprensión, afloraron de tus delgados labios las palabras precisas para calmar mi angustia: ¡tranquila, todo llega!





                                                                    ROSA ISABEL 

Con nombre de reina,

la mujer delgada enseñó, a sus hijos,
a sus nietos,
a los vecinos y parientes,
el silencio y la prudencia.
Cobijó mis miedos con explicaciones muy sencillas,
pero contundentes.
Reía con facilidad
las gracias y desgracias de lo humano.
Siempre compartió la mesa,
los alimentos, la casa,
sin importar quiénes querían despojarla.
Aun en la cama, débil de la lucha diaria,
su sonrisa no faltó.
Un chiste se manifestaba, una sonrisa,
tal vez una explosión de alegría.
 Gracias Rosa Isabel
por la paciencia, por la historia compartida
con mi árbol genealógico.
Estoy agradecida por haber llegado a tu casa
una madrugada, con las manos y el espíritu vacíos.
Ahora, con mi ser lleno de esperanza,
de tus enseñanzas, del amor que profesabas,
puedo decir: Gracias.

Gladys Zamudio Tobar (zagla)
marzo 22-2018


viernes, 28 de octubre de 2016

¿Dónde están los niños?

Por: Gladys Zamudio Tobar
Siempre quise averiguar exactamente dónde era la casa de Miguel. Tenía un lejano recuerdo cuando todo este barrio, Caldas, era un mangón; solamente lo habitaban árboles y lo atravesaba el río Puente Palma que ahora está lleno de aguas residuales.
Hace pocos días me senté en una tienda, cercana al lugar donde vivía 50 años atrás mi amigo. Éramos muy chicos; estábamos en la educación primaria. Mientras observaba el sitio, pedí una cerveza. Eran aproximadamente las 8 de la noche e intentaba organizar mentalmente los espacios. Quería volver a ver a Miguel.
Cuando bebía la segunda cerveza, entró un hombre delgado, medía más o menos 1,90 de altura, un poco desgarbado, con una mirada intensa y nariz prominente; tenía grasa en su vestuario y, pese a ello, conservaba una elegancia que quedó grabada en sus gestos y posturas. Tal vez dejó atrás una vida llena de abundancia y comodidad.
El hombre se sentó y cruzó sus largas piernas; bebió el primer sorbo y me saludó. Me dijo ¡buenas, vecino! Por supuesto, yo le respondí y esto dio apertura a una charla de dos horas aproximadamente. En medio de las múltiples anécdotas e historias de rebeldía de su adolescencia, aproveché para preguntarle si conocía a Miguel y le narré cuánto había trasegado en este barrio cuando apenas había unas casas incrustadas en la mitad del monte. 
Este señor, después de haberme contado toda su vida, efectivamente jugosa, se presentó mi nombre es Alfredo. Al entrar en el calor de la tercera cerveza, le planteé mi inquietud de buscar a Miguel, entonces inició la historia del barrio, los apellidos de las familias, los nombres de los niños con quienes jugaba ¡en fin! Hasta que llegó a la familia Taborda. Ese era el apellido de mi amigo.
¿Qué sabe usted de él? ¿dónde está? Le pregunté con afán e impaciencia. Alfredo elevó su largo brazo para señalar una casa en la esquina y me dijo usted ve esa casa donde venden fritanga, ahí viven ellos todavía, pero Miguel murió muy joven. Sentí un frío en el cuerpo como si estuviera viendo a mi amigo muerto en ese instante. ¿Cómo así? ¿está seguro? Interrogué, esperando que me dijera que lo había confundido. Nos despedimos al rato, pero me quedó la duda.
Yo tenía unas fotos con Miguel en el colegio. Si era verdad que había muerto, de todas maneras quisiera dárselas a alguien de la familia. Tal vez no las valoraría como yo. Quizá ya no lo recordarían.
Una semana después pasaba por la casa que me había mostrado Alfredo –como lo hago todos los días- pero, al ver a una mujer en la puerta, barriendo detalladamente cada centímetro de su acera, no resistí y me acerqué con la intención de contarle quién era yo y a preguntarle qué había sucedido con Miguel.
La mujer era de unos 50 años, ojos color pardo, su cabello era prieto, tinturado de rubio y su tez trigueña. La saludé y respondió ¡días! sin mirar a quién se había dirigido, tampoco hizo ningún esfuerzo por confirmar de quién se trataba, pero yo, insistente, me acerqué un poco más. Ella levantó la cabeza, me miró con desconfianza y de sus labios salió una voz decidida y un imponente ¡a la orden! Me presenté y le comencé a contar quién era yo y le hablé de mi amistad con Miguel; también le dije que me contaron que él había muerto joven. ¡Muerto no! Él no estaba enfermo. A él lo mataron. Aclaró con un poco de rabia.
Ella era la hermana de Miguel, me contó, y siguió diciendo: muy joven para morir. Miguel no merecía eso. Se enamoró de una muchacha. Estaban enamorados y al papá no le caía bien él. Como ese viejo tenía plata, lo mandó a matar, pero no se pudo demostrar nada. Quedé estupefacto. No podía dejar de mirarla a los ojos. Ella entró en detalles y contó cuánto lo extrañaban esto nunca termina dijo con lágrimas contenidas. La vi tan triste que venían recuerdos de ese niño con el que caminábamos desde el colegio San Bosco, con quien jugaba y a quien le contaba mis travesuras.
Me despedí con algunas lágrimas y le prometí llevarle las fotos donde estábamos. En el camino a casa pensé que hubiese sido mejor haber conservado el recuerdo de mi amigo vivo y no muerto de esa forma tan trágica. Ahora, cada que paso por esa casa, siento el vacío que nos dejó Miguel.


lunes, 2 de diciembre de 2013

VUELO AL ORIGEN


I
Ya me entristece la tarde
con un brutal silencio
de ti, padre.
Todas tus pertenencias
se agitan sobre mis ojos
trayendo los recuerdos
de tus días definitivos.

Alfredo, como un horizonte
asfixiado entre almohadas,
te fuiste apagando,
ocaso inolvidable,
que me dio la vida.

Mi corazón purpúreo
se altera al imaginar
hacia dónde te alejarás,
viaje que harás, por primera vez,
sin mi madre.


II

Mi padre no retornó.
Poco a poco sus recuerdos lo instalaron
En un pasado de nostalgias y angustias,
Anclado entre las destempladas venas de la ternura
Y los despejados pasos del horror.

Alfredo, reconocido girasol de mis entornos,
Pasajero inolvidable de mis caminatas,
Incansable guerrero de los hierros y las buenas maneras.

Hombre bajo y corpulento
De corazón sensible y de mirada ruda.
Tu espejo te despidió antes de hora.
Silenció tu memoria poco a poco,
Vació tu boca de palabras gruesas
Y obnubiló tus ojos de huída.

Hoy, hermoso padre, como un pequeño león,
Ruges en la cama sin poder comprender
El lenguaje que sale de tu boca.
Tus islas de lucidez te recorren
Como agua que hiela los huesos.

¿Cómo te miras cuando la voz de en frente
Te saluda conmovida?
Lágrimas recorren tu desnudo rostro;
Todas las lágrimas de la vida te rodean
Sembrando el bello mar que te ilumina
y te permite navegar.


III
No esperen lástima.
Mi padre merece algo más.
Él soy yo,
 todos los vivos y muertos de mi vida.


Las huellas y el esfuerzo
Deterioraron su figura,
Pero lo hicieron más humano.
Nada faltó con su ayuda.

No siento pesar ni tristeza,
Sólo alegría y tranquilidad,
La esperanza del descanso
Que tanto merece.

El pesar no es nada leve.

  

Zagla

Gladys Zamudio Tobar                    

Encartados en la Red - Mi participación en la primera experiencia - año 2007

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martes, 3 de julio de 2012

  
(Del poemario "Sentada en mi silencio")
ZAGLA


Ineludible 

Abrojos amarrados sutilmente
A los encajes de mi cerebro.
Hay tejidos que desconectan
Lo que nunca debió haberse roto.

Un ser anquilosado en una tapia,
Un fósil de la amargura humana.
Un dictamen apoyado en el espejo
De los miembros de la pulcritud,
Ya anciana.

Huelo de cerca los lamentos,
La pereza, los asquientos gemidos.
He probado con las papilas quemadas
Las dichas que como hostia ponen
Los sabios en mi boca.

Ahora que estoy muerta,
Los huecos de la luna entienden
Cómo soy por dentro.
Saben los rayos del sol
Cómo se puede quemar el estiércol.

Hoy que nací de nuevo
Mis ojos no ven más que
Lamentos.




Connivencia

En el rasero de los hechos
Los muertos pululan su vieja angustia.
Las vértebras se enhebran una a una
Intensificando amargura en su historia.
Nervudos moluscos nos habitan el silencio
Y la malva nos deteriora los nervios.
Agujillas nos perpetran los ojos
Y versos negros comentan triunfantes bazofias.
Todo se nos parece.
La polilla consume todos los días
Un poco de metáfora
Para sufrir la sociedad.
Tanto se nos parece,
Devoramos libros
Y las palabras se depositan,
Estreñidas o fluidas,
En apestosas letrinas de ingenuidad.
Gusanos acontecen las quimeras de los parcos
Densas maderas y superfluas letras lapidarias.
Agonizan las bestias entre calles de cera,
Escurridas en muebles
Y hundidas en el ocio de la lluvia.
Duele y duele la genial mentira,
Nos augura la indecencia de sabios
Y la invivible compañía de los mortales.


domingo, 4 de marzo de 2012

Poemas en silencio

I
Quisiera verte como un desconocido,
Sorber un jugo para llamar tu atención.
Tu irreverencia cómplice
Sorprendería mis ojos junto a tu imponente imagen.





Hemos hablado de todo,
Aún poco para mí que conservo las notas
De tus melodías recién compuestas para el amor
En mis oídos de neonato frente a ti.

Viajo en tu mano, cargada de tantas cosas del día,
Tantas que callo para no aburrirte,
Otras tantas que olvido y así no obligarte a sentir
La necesidad de una caricia y el ojo oscuro del cuerpo deseado.

He apagado la luz y el incendio como si fueran la misma cosa
Y solamente he quedado con la idea del duelo.
Ya no le corro al cuerpo,
Cada día procuro silenciarlo para no molestarte.

Hoy, me sentaría de nuevo en el sitio
Donde te conocí, leería poesía a un amigo
Y pasaría la tarde perdiendo el tiempo
Para encontrarte… otra vez.



II
Saltan ideas como sapos en ebullición, desde mi silencio;
Vierten líquidos en mis dudas y desconectan los enchufes
De mis respuestas.
No sé por dónde voy, el camino sube por tu mano llena de aire
Y mis ojos no alcanzan a ver lo que imagino bajo el agua.
Aliento oculto bajo las rocas de la ingenua pasión que mata.
Un surco detrás de la lengua, arañado con las tristezas
De mis azules impotencias.




III


Tengo aire de ti
Mis besos juegan a tu piel.

Soy parte del conjunto de tu cuerpo,
de los cuadros de tu camisa a rayas.

Ventilo una soledad
que también te pertenece.



Elevo pequeñas angustias
Con el hilo de tus generosos sueños.

Viajo también sin tormentas
Detrás de tus profundos abismos.

Hay una locura en esta terquedad
De llevarte en mi vientre.

Un extravío transforma mis emociones
Queda una sencillez colmada de recuerdos.














IV

MUERTE

Hoy, acelerada y palpitante, se acerca la muerte;
Palabra muerte como vaho de mar,
Infinita.

Lejos, respira, y su tibio aliento llega a los sueños
De mis temores.
Pensar morir, útil manera de respirar sin dolor.



El rezo, palabra estudiada, crea eco;
Abismo interminable del grito,
Lluvia extendida sobre la dulce alfombra de la soledad.

Huecos en la puerta, rota de abrazos;
Los besos hundieron la idea del amor
En las cortas impaciencias de los días,
En el interminable bostezo de las fantasías.





Enero – Febrero 2012

Poemas en silencio

I
Quisiera verte como un desconocido,
Sorber un jugo para llamar tu atención.
Tu irreverencia cómplice
Sorprendería mis ojos junto a tu imponente imagen.





Hemos hablado de todo,
Aún poco para mí que conservo las notas
De tus melodías recién compuestas para el amor
En mis oídos de neonato frente a ti.

Viajo en tu mano, cargada de tantas cosas del día,
Tantas que callo para no aburrirte,
Otras tantas que olvido y así no obligarte a sentir
La necesidad de una caricia y el ojo oscuro del cuerpo deseado.

He apagado la luz y el incendio como si fueran la misma cosa
Y solamente he quedado con la idea del duelo.
Ya no le corro al cuerpo,
Cada día procuro silenciarlo para no molestarte.

Hoy, me sentaría de nuevo en el sitio
Donde te conocí, leería poesía a un amigo
Y pasaría la tarde perdiendo el tiempo
Para encontrarte… otra vez.



II
Saltan ideas como sapos en ebullición, desde mi silencio;
Vierten líquidos en mis dudas y desconectan los enchufes
De mis respuestas.
No sé por dónde voy, el camino sube por tu mano llena de aire
Y mis ojos no alcanzan a ver lo que imagino bajo el agua.
Aliento oculto bajo las rocas de la ingenua pasión que mata.
Un surco detrás de la lengua, arañado con las tristezas
De mis azules impotencias.




III


Tengo aire de ti
Mis besos juegan a tu piel.

Soy parte del conjunto de tu cuerpo,
de los cuadros de tu camisa a rayas.

Ventilo una soledad
que también te pertenece.



Elevo pequeñas angustias
Con el hilo de tus generosos sueños.

Viajo también sin tormentas
Detrás de tus profundos abismos.

Hay una locura en esta terquedad
De llevarte en mi vientre.

Un extravío transforma mis emociones
Queda una sencillez colmada de recuerdos.














IV

MUERTE

Hoy, acelerada y palpitante, se acerca la muerte;
Palabra muerte como vaho de mar,
Infinita.

Lejos, respira, y su tibio aliento llega a los sueños
De mis temores.
Pensar morir, útil manera de respirar sin dolor.



El rezo, palabra estudiada, crea eco;
Abismo interminable del grito,
Lluvia extendida sobre la dulce alfombra de la soledad.

Huecos en la puerta, rota de abrazos;
Los besos hundieron la idea del amor
En las cortas impaciencias de los días,
En el interminable bostezo de las fantasías.





Enero – Febrero 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

IGUAL

Algún día conociste la magia de mis versos,
la ternura de mis manos sin pereza de amar.
Nadie sabe con quién se acuesta hasta que se levanta,
Abre su boca maltrecha y mira con ojos de tumba.

Pasan los días de caricias, a veces mal habidas,
Los tranvías de la felicidad recorren fuertemente tus horizontes,
Las lluvias recuperan colores, intensidad
y significados insospechados.
¡Todo cambia! Y vuelve a ser lo mismo.

Los adoloridos pies de largura humana
Se pasean por las angustias de nuevo,
Pero ahora son otras las que habitan el cuerpo amado.

Las lágrimas de tus brotes hambrientos
Desayunan el poder y muerden el piso frío
Cada que hablo sin dolor en el alma.

Atentos mis ojos marchitan su ira
Desbocada muy pronto en tu pelo revuelto.
Los estrujones quedaron en la pared de tus recuerdos.

No hay un amor sin peros,
Toda la vida se revienta en un solo momento,
Así como toda la amargura que tienes
Se te resbala por los dedos
Y la estallas sin lamentarte, en mi ordinario silencio.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Frida Kalho, mujer de cuerpo abierto

Por: Gladys Zamudio Tobar


Frida Kalho, una historia conmovedora de la pintora mexicana que eligió, como su gran amor, al famoso muralista Diego Rivera, “El panzón”, como lo apodó desde la primera vez que lo vio.

Un film lleno de colores, imágenes autóctonas, simbologías puestas en la arquitectura, en los objetos y en el vestuario de sus mujeres. Con una fotografía viva, alegre y dinámica, muestra algunas costumbres del mundo aristocrático y cultural de Ciudad de México, después de la Revolución.

Salma Hayek interpreta a Frida Kalho, una mujer valiente, lastimada en el cuerpo por un accidente que la dejó lisiada, pero su mente abierta pudo soportar todos los embates de su condición física.

Frida halló en la pintura un universo donde expresaba su dolor y su cotidiana confrontación con la vida y la muerte. La ausencia del hijo deseado agitó su corazón y aumentó el dolor que le producía Diego Rivera con su carácter de hombre enamoradizo.

El sufrimiento de Frida aumenta cuando el muralista, personaje representado por Alfred Molina, la traiciona y le abre nuevamente el corazón; esta vez la hace alejarse de su hermana con quien lo vio teniendo relaciones íntimas, razón por la cual se transformó, se separó y se fue a Paris. Allí tuvo varias experiencias, pero ninguna la hacía feliz. En medio de su soledad, Frida, le escribió a su ex-esposo la necesidad de su compañía.

Cuando la pintora regresó a México, y se complicó su salud, Diego Rivera la visitó y le pidió que se casaran de nuevo. Inicialmente ella se rehusó porque pensó que lo hacía por pesar, pero luego aceptó.

La historia termina con la última travesura de Frida, quien aparece en la exposición nacional, en la cama, secundada por su hermana, pues la pintora ya no podía moverse porque le habían amputado una pierna.

En esas circunstancias culmina la película presentando a una Frida guerrera, con la alegría y el fuerte temperamento que siempre la caracterizó.

Reseñas de películas

El perfume, la condena del amor
Por: Gladys Zamudio Tobar


Huelo las piedras calientes, las ranas frías en el estanque, las larvas que carcomen los cuerpos que carecen de fortaleza para vivir. El aroma se conjuga con el maravilloso y, también, terrible fenómeno del amor. Jean Baptiste Grenouille nace sin olor, sin la esencia que captura a los otros para ser amado.
Una historia dolorosa, la de un hombre que se convierte en asesino sin que él lo percibiera así. Sólo tiene un poder, el que le adjudicó la vida para salvarse y nacer, a pesar del rechazo de los otros seres humanos. Basada en la reconocida obra literaria “El perfume”, escrita por Patrick Süskind, esta adaptación es perfecta para la traducción de las letras a las imágenes, desde luego, sabiendo que las descripciones con la palabra permiten ingresar a lugares inusitados, tan profundos como la imaginación del lector.
El olor a pescado, a descomposición, a putrefacción, en una Francia que ya fraguaba la Revolución, despertaron el grito de vida de Jean Baptiste Grenouille, no sólo el día en que su madre lo arrojó en medio de la basura sino cuando desesperó su memoria olfativa el aroma de las jóvenes –vírgenes- tan dulces como la esencia de las ciruelas que vendía su primera víctima de quien se enamoró.
Una vez muerta la adolescente, Grenouille quiso abrazarse para siempre con su aroma, pero no sabía cómo hacerlo, razón por la cual llegó a puertas del perfumista Baldini quien le dio pistas para perpetuar los olores de la juventud, de la vida, del amor.
En el personaje, Grenouille, interpretado por Ben Wishaw, se percibe el padecimiento de conquistar el olor, pero, más doloroso aún es hallar el olor propio. Pues descubre que no hay uno que lo identifique. Nada de él incitaría a una fémina a amarlo.
Busca incansablemente la perfección de las esencias que lo harían feliz, y logra -a pocos minutos de su condena- que todos disfruten del amor como ocurre en la plaza, donde todos quedan embriagados con el perfume y, sin prejuicios, rozan su piel como una sola, sin pudor y sin leyes.
Jean Baptiste, de la manera más extraña consigue “hacerse amar” vertiendo sobre su cuerpo el resto del perfume -que costó tantas vidas- incluso la suya, al ser devorado por todos los mendigos del putrefacto lugar donde nació y regresó para morir.

RESEÑAS

MARCA: PERTURBACIÓN

No quiero que nadie me perturbe ni siquiera con su silencio.
Soy caprichosa, llena de larvas que me asfixian,
me aprisionan en su crecimiento callado.

Nadie me salvará de estas oportunidades humanas.
Nadie me detendrá a encontrar un camino sin rutas.
Siempre espero que alguien llegue, pero no quiero que se quede.

Quiero limpiarme hoy de tanta suciedad, de tanto desamor interno.
Quiero ver la vida como me viene. Hay mucho dolor en el mundo,
Muchos gritos atrapados en los cuerpos. Y por eso no puedo dejar de hablar.

Cada que puedo me libero, libero mis entrañas de asuntos inorgánicos.
Lo artificial me ahoga, me deprime.
No más engaño con vallas que crean sensaciones,
Éstas se reproducen como enfermedades.

A veces parezco sin dolor. El autismo me viene.
No importa, hoy lo tengo que disfrutar.
Es una manera de sanar, de olvidarlo todo.

No quiero pensar en nadie. No quiero sentir dolor con sus puñales.
He cambiado dirán, pero soy la misma valla que crea satisfacciones
¿Qué se compra entonces? ¿Dónde consigo un amor que se deje desempacar,
Utilizar y arrojar a la basura cuando pase su fecha de vencimiento?

¿Quién quiere comprar un producto al vacío? ¿Quién más se quiere dejar engañar?
Puedo ser de gran utilidad, depende del trato y de una buena lectura del manual.
A veces se quedan conmigo porque “es el más económico y el que más da”.

Pero el rendimiento y la duración dependen del consumidor.
Estos elementos vitales, como el amor y la pasión,
Deprecian los productos instalados en el corazón.

¿Por qué? Porque nos vendieron el amor empacado, con condiciones y resolución, con marca de género, cantidad de usuarios y como obsequio un condón.

En el mercado circula un amor personal, íntimo, con marca de propiedad,
pero también hay los que se pueden llevar en el bolsillo, que son de fácil adquisición.
¿Qué se compra? Si todo parece basura bien empacada, con preservativos para que dure.

Hay productos que se han estado vendiendo sin marca, bajo la sotana.
Los ilícitos, los que no tienen registro. Pocos los usan y cuando lo hacen le ponen la marquilla para que parezcan de óptima calidad.

Todo parece un engaño. ¿Será posible engañar?

Zagla. Gladys Zamudio Tobar



CITÉ


Soy ciudad, ciudad marchita, pero intransferible,
Ciudad que aún respira campo. Penetrable ante la primera visita.
Te atrae, tiene la magia del producto ofrecido.
La publicidad enamora a los visitantes más que el propio consumo de sus calles.

No soy visitante soy habitante que sale en las madrugadas, de sus sueños urbanos
A conquistar terrenos abiertos como mares, como manos ansiosas de obtener todo el placer, halarlo hacia el cuerpo e introducirlo dentro.

Cali es una idea, un espacio público vendido. Una mirada del encuentro rápido, de la indagación con apariencia de preocupación.
Ciudad de mierda de perros, de hambre que deja como plastas a los hombres y mujeres que la caminan.
Algunos árboles la adornan, la airean a las cinco de la tarde con un sonriente cielo rojo, de traba natural, de ensoñación pura.
Psicodélica y maravillosa cuando consumo la leyenda bien armada, pero cuando se termina el humo de mis aspiraciones se convierte en una terrible angustia y resentimiento.
Ciudadanos petrificados en el aroma del orín, de la sangre, del tabaco. No lo notan porque dentro tienen más de todo eso.
Caleña, infiel, puta, rebotada, pero estúpida. Irrespetable porque no se mueven las vísceras para defenderse. Apuñalea a las otras porque no la miran a ella.
Caleño, infierno, soso, vacío del alma, vello púbico, mas no público. Se cree grande, pero mira la carroña con altura.



Zagla. Gladys Zamudio Tobar